Tarea en 2015 continuidad en reducción de gastos y buscar el incremento de ingresos

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Tegucigalpa, Honduras.

En el terreno de las finanzas se tornó mucho más despejado en el último trimestre de este año en razón de la firma del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

El entendimiento con el organismo crediticio le ha abierto al país una corriente de 460 millones de dólares. De este monto, 220 millones provendrán del Fondo Monetario y, el resto, serán desembolsados por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

El arreglo suscrito por Honduras envía un mensaje patente a los inversionistas de que en el país existe un clima de credibilidad y que hay un compromiso de buscar el orden y la estabilidad de la economía.

A su vez, el país ha recibido el reconocimiento de las entidades de crédito externo en el sentido que se han reencauzado las políticas de incentivo al capital foráneo y nacional, fijado reglas claras y corregido el camino de la indisciplina fiscal.

El ahorro presupuestario de alrededor de 1,800 millones de lempiras, así como las medidas que se han puesto en marcha para recortar el personal numerario y volver más eficiente el aparato estatal, se agregan a los elementos positivos que contribuyeron este año a mejorar la gestión fiscal.

En lo que respecta estrictamente a la masa salarial, la meta propuesta es llevarla del 60 al 25% del Presupuesto de la República. De hecho, se considera que este año concluirá con un recorte de alrededor de siete mil empleados sin asignaciones; es decir, de paracaidistas.

De igual forma, se han delimitado las estrategias de rescate de las instituciones públicas, particularmente de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), y de la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (HONDUTEL).

El deslizamiento del valor del lempira respecto al dólar también se mantuvo en los límites previstos. La moneda local se ha devaluado en 75 centavos, contrario a las predicciones que señalaban que iba a caer en más de un lempira al cierre del actual período.

Los criterios aplicados en 2014, han creado diversas expectativas sobre el comportamiento de las finanzas públicas. Por lo menos, la hacienda está recibiendo una buena dosis de oxígeno que le ha permitido comenzar a salir de su asfixia.

De cara a 2015, los desafíos están bien claros y tienen que ver con darle continuidad al racionamiento de los gastos e incremento de los ingresos para mantener el balance presupuestario.

Dos factores sobre los cuales se tendrán que adoptar disposiciones sostenidas para lograr su control son el déficit fiscal y el endeudamiento público.

Precisamente, el programa económico consensuado con el Fondo Monetario Internacional busca restablecer la disciplina y contener el aumento de la deuda. Este cometido requeriría de la baja del déficit del sector público combinado de 7.5 % del Producto Interno Bruto (PIB), a alrededor del dos por ciento en 2017.

El Plan Estratégico del Gobierno para el período 2014-2018, define dos escenarios. El primero se propone llevar la inflación de 5.9 en 204 a cinco en 2015 y a 4.8 en 2016, 2017 y 2018.

La deuda interna pasaría de 15% del Producto Interno Bruto en 2014 a 14.8 por ciento en 2015, mientras que el déficit del Gobierno Central se reduciría de 5.1 en 2014 a 3.1 por ciento del PIB en 2015.

En el segundo escenario fiscal se destaca una baja inflacionaria del 5.9 por ciento en el presente año al cinco por ciento en los siguientes cuatro años y la reducción de un punto del PIB en el monto de la deuda interna.

De su lado, el déficit del Gobierno Central experimentaría un alivio de 1.6 % del PIB para el año entrante.

El camino hacia el reordenamiento fiscal y el equilibrio presupuestario apenas ha iniciado. La finalidad última es que la disciplina de la macroeconomía esté en correspondencia con la demanda de los grupos mayoritarios de que ese comportamiento se vea traducido en derrame de bienestar social.

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