Neymar a casi 29 años de no cumplir ser el mejor futbolista del mundo

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En pocas semanas, Neymar cumplirá 29 años. El brasileño debería encontrarse en su mejor momento, a punto de comenzar un periodo de dos años que será vital para definir su carrera. Dicho lapso se iniciará con la recuperación de su lesión más reciente, terminando con el Mundial 2022 y, con las esperanzas de todo Brasil sobre sus hombros, un sexto campeonato.

Los dos años siguientes tendrán mucho que ver en sus intentos para consolidar su sitial en el panteón de los grandes del fútbol, aunque ganar la Copa del Mundo y la UEFA Champions League no serán los únicos objetivos. La era de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo se acerca a su fin. El trono del mejor futbolista del mundo está a punto de quedar vacante, y es poco probable que Robert Lewandowski sea candidato para ocuparlo a largo plazo, considerando que el polaco tiene 32 años. A criterio de algunos, y casi con toda certeza del suyo, la carrera de Neymar no habrá satisfecho todo su potencial, si es incapaz de hacerse con dicho honor.

Seguramente (y con toda razón) algunos verán lo anterior como una exageración, como una tonta trampa en la que se presta demasiada atención sobre un premio individual, conferido bajo criterios subjetivos, en un deporte colectivo. Sin embargo, Neymar es brasileño; por ende, creció con la idea de que el trofeo al mejor futbolista del mundo es una especie de derecho por nacimiento para los oriundos de dicho país. Romario, Ronaldo Nazario, Rivaldo, Ronaldinho, Kaká: parecía darse por sentado que el futbolista brasileño más sobresaliente también sería considerado el mejor del mundo.

También podría ser el caso que la búsqueda por hacerse con el palmarés está siendo contraproducente, ya que vemos momentos en los cuales Neymar acumula demasiada presión para brillar.

Ciertamente, ese pareció ser el caso en la final de la anterior edición de Champions League, el partido de clubes más importante que ha jugado en su trayectoria. Fue sorprendente ver que, desde el momento cuando el Bayern Munich marcó su primer gol, el juego de Neymar se hizo pedazos. Fue incapaz de ayudar al Paris Saint-Germain a salir del hoyo cuando el marcador estaba 1-0 y, confrontado a una crisis, no pudo hacer las cosas sencillas para mantener el balón en juego. Parecía ser un hombre que sucumbió ante la presión excesiva, y es probable que los eventos de los días anteriores hayan elevado la presión a otro nivel.

Una crítica obvia recibida por Neymar después de la final de Champions no se concentraba en que parecía ser un hombre bajo demasiada presión; por el contrario, se decía que, cuando llegaba el momento de trabajar en serio, éste seguía actuando como un adolescente.

En los meses posteriores, el relato cambió para girar en torno a un nuevo fenómeno: Neymar, el adulto. Se había dicho que el delantero había entendido una verdad dura, pero innegable: su carrera no sería eterna y que había llegado la hora de hacer la diferencia. Fue ampliamente elogiado por ejercer rol de liderazgo, cuando el PSG y el Istanbul Basaksehir abandonaron la cancha durante su choque de Champions League en diciembre pasado, tras las acusaciones de racismo por las expresiones de un árbitro.

Tal como lo expresó Fernando Kallás, periodista brasileño que reside en España, en una reciente publicación en redes sociales: “Esta semana, me deshice en elogios por la madurez mostrada por Neymar, la posición que asumió en contra del racismo y cómo su imagen está mejorando aquí en Europa”. Kallás cerró su publicación con un emoticono de una mano abofeteando a una cabeza: su confesión, en términos visuales, de que había hablado demasiado rápido con respecto al artillero estrella.

¿Cuál fue la razón? La controversia causada por la fiesta celebrada por Neymar y que comprendió un periodo de cinco días, entre Navidad y Año Nuevo, según informes periodísticos.

Los medios brasileños reportaron que el jugador del PSG había organizado un festejo para 500 asistentes (aunque se había indicado que la asistencia estaría limitada a 150 personas) en su propiedad del municipio de Mangaratiba, en las costas de Río de Janeiro, en medio de una pandemia por coronavirus que ha tenido efectos particularmente severos sobre Brasil. Luego de haberse producido cierto alivio, la cifra diaria de fallecidos en la nación suramericana vuelve a superar el millar, mientras que el sombrío balance general pronto rebasará la marca de los 200.000 decesos.

Éstos no son momentos para celebrar una fastuosa fiesta. Incluso, las tradicionales celebraciones de Víspera de Año Nuevo fueron canceladas en todo el país por motivos de salubridad pública.

La reacción fue inmediata. “Poco importa si asistieron 500 o 150 personas a la fiesta”, escribió Mauricio Noriega, periodista del canal SporTV. “Lo que habla por sí sola es la actitud de una persona que imita a un Michael Jackson del fútbol, estancado en su Neverland, aislado del resto del mundo, viviendo como un adolescente, impresionado por las estrellas de la farándula”.

Las palabras de Noriega podrían estar cargadas de profunda amargura, porque el periodista había formado parte de los que habían elogiado a Neymar antes de conocerse la celebración del festejo. “Hace unos días, parecí un tonto”, expresó, “cuando afirmé que Neymar se había independizado como atleta y persona, al formar parte de las protestas” luego de producirse el abandono de la cancha en el encuentro de Champions League.

El ex mediocampista Zé Elias, que jugó durante casi un decenio en Europa, se expresó en términos similares en la pantalla de ESPN Brasil.

“Neymar es el producto de un entorno que ha sido creado para él desde el inicio… una mentalidad en la que se dice: ‘Este chico es una estrella, dejémosle hacer lo que quiere’. Así creció, se acostumbró a ello y nadie le detiene”. Al considerar las repercusiones que el suceso tendría en su país, Elías indicó: “He aquí la razón por la cual Brasil jamás será visto como un país serio”.

El veterano comentarista de televisión Galvao Bueno también ha expresado sus críticas al respecto, mientras que la ex figura del balompié Walter Casagrande, quien actualmente funge como analista, comentó que Neymar “sigue siendo pequeño en las cosas que realmente importan”.

Si Neymar desea crecer para calzarse los botines del mejor futbolista del mundo, ahora deberá hacerlo con una carga mucho más pesada sobre sus hombros. Actualmente, la presión es mayor. Quienes quieren defenderlo lo tienen cada vez más difícil, mientras que aquellos que buscan atacarle cuentan con motivos adicionales para apuntar sus dardos hacia él. Y ojalá que las cifras de fallecidos a causa del coronavirus no se vean afectadas por lo ocurrido en Mangaratiba, sea como fuere.

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