“Los hijos se quieren y duelen”: Expresidente Lobo Sosa

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Los hechos violentos continúan en el país y esta madrugada no ha sido la excepción, pues ha sorprendido un hecho criminal en donde han muerto cuatro personas, entre ellas, un hijo del expresidente Porfirio Lobo Sosa.

El sangriento suceso ocurrió en las inmediaciones de una zona exclusiva de bares en un reconocido edificio ubicado en el Bulevar Morazán de Tegucigalpa, a eso de las 2:00 a.m.

“Los hijos se quieren y duelen”, expresó con palabras entrecortadas el expresidente de Honduras (periodo 2010-2014) tras reconocer la identidad de su hijo, Said Omar Lobo Bonilla, de 23 años de edad.

El exmandatario en declaraciones a los medios dijo más temprano que urge a las actuales autoridades “poner orden”.

“Hay que hacer uso de los recursos porque no todo lo de ayer es malo y hay cosas que se deben de retomar”, agregó.

Lobo comentó que en materia de seguridad hay patrones que se establecen para controlar la delincuencia.

El expresidente no está bien claro de lo que pudo haber acontecido en la masacre en la que también perdió la vida un pariente del exjefe de las Fuerzas Armadas, Romeo Vásquez Velásquez (sobrino de la esposa).

“No sé qué está sucediendo, pero lo que sí sé es que la gente que cometió este asesinato son gente bastante entrenada, no son novatos”, apuntó en sus deducciones.

Las primeras versiones indican que los infortunados venían saliendo de una discoteca cuando fueron abordados por al menos ocho delincuentes vestidos con uniforme de una de las unidades policiales.

En ese sentido el exgobernante expresó que la operación aparenta ser de “personas de alta calificación en el tema de seguridad”.

“No sé si son policías activos, porque puede que sean exagentes, pero si parecen ser gente bien entrenada”, añadió.

Lobo detalló que la infortunada noticia la recibió de parte de su hija en horas de la madrugada.

Como uno de los afectados de la espiral de violencia el exjefe de Estado invitó a las actuales autoridades de gobierno a “ponerse las pilas”.

“La seguridad se está yendo de las manos y eso no conviene”, acotó Lobo, quien dijo que sus cercanos le avisarían a su esposa, Rosa Elena Bonilla, recluida en la cárcel femenina de Támara desde el pasado 17 de marzo por un caso de corrupción.

La ola de violencia que atraviesa la nación centroamericana deja en lo que va del año una treintena de masacres con más de un centenar de víctimas, según recuentos de prensa. 

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