Las 5 intolerancias alimentarias más comunes

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Los problemas digestivos son extremadamente habituales y hasta el 40 % de la población mundial los padece de forma crónica. Algunas veces los síntomas como distensión abdominal, diarrea, acidez y retortijones tienen una causa clara, pero en otras muchas ocasiones es muy difícil encontrar desencadenantes concretos. Las intolerancias alimentarias más comunes, como la presentada ante la lactosa, la histamina y el gluten, suelen ser algunas de las primeras sospechosas cuando se habla de malestar digestivo.

En primer lugar, es necesario destacar que las intolerancias alimentarias son muy distintas a las alergias. En las reacciones alérgicas alimentarias (como al marisco o el cacahuete), un componente de la comida, conocido como alérgeno, produce una reacción adversa por parte del sistema inmunitario. Por otro lado, en las intolerancias alguno de los compuestos del alimento no puede ser absorbido bien y genera síntomas a nivel gastrointestinal. Dicho de forma rápida y sencilla: una respuesta está inmunomediada, otra no.

Una vez realizada esta distinción, merece la pena conocer cuáles son las intolerancias alimentarias más comunes en la población general y su manifestación sintomática. El primer paso para esquivar el alimento problemático en cuestión es conocerlo, y para ello hay que saber cuándo es momento de ponerse en manos de un profesional médico.

1. Intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa es, con diferencia, la reacción adversa alimentaria más común en el mundo. Según estudios epidemiológicos, este cuadro está presente en mayor o menor medida hasta en el 80 % de la población. De todas formas, hay que tener en cuenta que la prevalencia varía mucho entre zonas geográficas y etnias. Las personas africanas-asiáticas se ven afectadas hasta en un 95 %, mientras que en la región nórdica los casos en adultos se reducen mucho y solo alcanzan a un 5-15 % del total de los habitantes.

La intolerancia a la lactosa puede ser primaria, causada por el descenso de la producción de la enzima lactasa con el paso de los años. Esta enzima es esencial para transformar los componentes de los productos lácteos en sustancias más simples para su posterior metabolismo. El cuadro también puede ser secundario y estar provocado por una condición subyacente, como enfermedad celiaca, infecciones gastrointestinales, enfermedad de Crohn, consumo de medicamentos, gastropatía diabética y mucho más.

Esta intolerancia tan común cursa con síntomas como diarrea, náuseas, vómitos, cólicos estomacales, gases e hinchazón. Si la naturaleza de la patología es secundaria, puede que se pueda revertir con la resolución del cuadro preexistente. En caso de que sea primaria, la mejor opción es decantarse por alimentos sin lactosa y adaptar la dieta de forma permanente.

2. Intolerancia al gluten

Merece la pena citar las reacciones adversas que surgen tras la ingesta de esta proteína presente en cereales de secano. En primer lugar, hay que dejar claro que la enfermedad celiaca se puede definir como una “intolerancia” permanente al gluten, pero no se trata de una intolerancia per sé. En este cuadro, que afecta a un 1 % de la población mundial, tiene lugar una respuesta inmunitaria (con la consiguiente liberación de anticuerpos) tras la ingesta de gluten. Está inmunomediada y no se debe a un problema con enzimas y metabolismo, así que no se ajusta a la definición que hemos citado con anterioridad.

De todas formas, cada vez se baraja más la existencia de un cuadro similar que no tiene por qué estar relacionado con la celiaquía tradicional. Según estudios, la sensibilidad al gluten no celiaca (SGNC) cursa con síntomas intestinales y extraintestinales tras la ingesta de gluten en pacientes no celiacos y podría tener una prevalencia hasta 10 veces superior que su enfermedad hermana. De todas formas, se requiere mucha más investigación, pues hoy en día no se ha detectado la causa exacta de la SGNC y no existe un criterio clínico para su diagnóstico.

3. Intolerancia a la histamina

La intolerancia a la histamina, abreviada como IH, es una condición que se produce cuando hay un desequilibrio entre la ingesta de histamina a través de los alimentos y la capacidad para metabolizarla por parte de los sistemas de detoxificación a nivel intestinal y hepático. El cuadro más conocido cuando se habla de esta intolerancia es el déficit de la enzima diamino oxidasa (DAO).

La enzima DAO se produce en el intestino y es esencial para la degradación de la histamina de origen alimentario. Diversas variantes en el gen AOC1 provocan una carencia de la DAO a nivel funcional, lo que desemboca en la acumulación de histamina en el cuerpo (histaminosis) y una consiguiente intolerancia al compuesto. Las migrañas recurrentes son el síntoma principal de este déficit, aunque también puede causar problemas respiratorios, cardiacos, musculares y mucho más.

Como en el caso de la intolerancia a la lactosa, el déficit de DAO puede ser primario de causa genética o estar provocado por una enfermedad subyacente/consumo de ciertos fármacos. En caso de que el cuadro no se pueda solucionar, se recomienda seguir una dieta baja en histamina y consumir suplementos de DAO, pues estos parecen ayudar con la intensidad y recurrencia de los síntomas.

4. Intolerancia a la cafeína

Más que intolerancia, lo correcto es referirse a este cuadro como sensibilidad a la cafeína. Desde el descubrimiento de las propiedades del café sobre el cuerpo humano, ha quedado más que claro que a algunas personas responden mucho más a las características estimulantes del compuesto, mientras que a otras parece no afectarles.

Investigadores sugieren que la causa de la sensibilidad a la cafeína puede ocurrir en el nivel del receptor (sitio del cuerpo en el que se une la cafeína) o en el propio metabolismo del compuesto. Por ejemplo, algunas personas pueden ser metabolizadoras lentas de cafeína, lo que desemboca en una mayor dificultad para desecharla y una exacerbación de los síntomas.

Cabe destacar que esta sensibilidad puede experimentarse a través de la ansiedad, problemas para dormir y mucho más. Algunos de sus síntomas más habituales son las náuseas, los temblores, el aumento del ritmo cardiaco, los dolores de cabeza y el aumento de la presión arterial. ¿El tratamiento? Sencillo: si sientes que no te sienta bien la cafeína, elige otras opciones y trata de respetar tus horas de sueño para no necesitarla.

5. Intolerancia a la fructosa

La intolerancia a la fructosa es una entidad compleja que se divide en 2 cuadros clínicos muy distintos: malabsorción de fructosa e intolerancia hereditaria a la fructosa. La malabsorción de la fructosa tiene lugar por el déficit de transportadores de fructosa en los tejidos del intestino delgado. Esto provoca que se acumule el azúcar en la luz intestinal con los consiguientes síntomas. Puede tener diversas causas: desequilibrio en la microbiota, enfermedades previas asociadas a la malabsorción de nutrientes, inflamación intestinal y más.

La intolerancia hereditaria a la fructosa (IHF), una entidad clínica muy diferente a la malabsorción, se debe a mutaciones en el gen ALDOB, que codifica la información necesaria para la síntesis de la enzima aldolasa B. Esta enzima está presente sobre todo en el hígado y participa en el metabolismo de la fructosa y su posterior conversión en energía. La carencia funcional de la aldolasa B cursa con la acumulación de fructosa-1-fosfato en el hígado, un evento tóxico y potencialmente letal con el paso del tiempo.

La malabsorción de fructosa podría afectar al 40-60 % de la población, aunque es una condición infradiagnosticada, y se considera relativamente leve. Por otro lado, la intolerancia hereditaria a la fructosa puede provocar problemas hepáticos y multiorgánicos con el paso del tiempo, así que requiere una atención mucho más especial y una dieta estricta. Por suerte, la IHF afecta a un porcentaje muy reducido de personas y está designada como una enfermedad rara.

Tras este recorrido por el mundo de las intolerancias alimentarias comunes en el ser humano, no cabe duda de la complejidad de estos cuadros clínicos a nivel tanto de etiología como de diagnóstico y tratamiento. De todas formas, la idea central de este espacio es clara: aunque la mayoría de intolerancias no se consideren graves (exceptuando la IHF), se recomienda ponerse en manos de un médico cuanto antes para su detección temprana.

Sentir pesadez y malestar estomacal de vez en cuando es natural, pero experimentar dolor, inflamación, náuseas y gases todos los días no. La mayoría de condiciones digestivas se pueden solucionar o manejar si se detectan a tiempo, así que si te has visto reflejado/a en estas líneas no dudes en ponerte en contacto con tu médico digestivo de confianza.

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