El aumento de la tensión en Catalunya hace subir la inquietud en toda España

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El intento de ocupación del aeropuerto de El Prat ha tenido fuerte impacto en la sociedad española. Escenas de alta tensión en Catalunya después de publicarse la sentencia del Tribunal Supremo . Los nervios vuelven a estar a flor de piel en todo el país. La percepción del “momento España” ha dado un salto en las últimas horas y aún no sabemos en qué dirección. Fuerte preocupación sobre un fondo de gran desconfianza en la política: una gigantesca desconfianza en la política, cuando sólo faltan cuatro semanas para la repetición de las elecciones.

No ha sido Hong Kong, pero puede parecer Hong Kong, puesto que las artes escénicas han florecido mucho en Catalunya después de la crisis del textil. Escenografía, diseño y nuevas tecnologías son hoy especialidades punteras en Catalunya. De la misma manera que los comerciantes chinos han montado un fenomenal polígono de productos copiados en Badalona, la factoría digital del independentismo y el deseo de protesta de miles de personas irritadas por la sentencia pueden montar en una tarde una creíble reproducción de la toma del aeropuerto de Hong Kong. Y a medianoche, todos a casa. Esas imágenes han dado la vuelta al mundo.

El Govern de la Genealitat “empatiza” con los manifestantes que acudieron al aeropuerto y felicita a los Mossos que evitaron la ocupación de El Prat, ante el estupor del público acostumbrado al arte dramático. Estamos ante un nuevo género escénico. El género Torra . No es comedia clásica. Es una manufactura de baja calidad muy adaptada al fluido digital, donde verdad e impostura se confunden. Los equilibrios penden hoy de un hilo en el Palau de la Generalitat y la sensación de derrota está generando actitudes agresivas que rompen con la tónica del “independentismo de orden” de las grandes manifestaciones de los últimos diez años. El presidente vicario Torra está perdido. La frustración ha salido a la calle. Anoche quedó claro en Barcelona. Descontrol. Chalequismo amarillo.

Las escenas de El Prat –y las fogatas en Barcelona– elevan la alarma de los centros de poder que ya trabajaban con la hipótesis de un otoño caliente. Las previsiones monclovitas de finales de agosto se están cumpliendo. El “momentum” se acerca. La sociedad española vuelve al estado de alerta. En abril había miedo a una regresión democrática. En octubre se teme un empeoramiento crónico del país. Fuerte repunte de la preocupación ante el futuro inmediato. Faltan cuatro semanas para la repetición electoral.

Catalunya, por supuesto. La economía, por supuesto. Y el estado general del mundo, aunque el Brexit apunte a un acuerdo de última hora. La economía sigue siendo el temor principal. Miedo a una recesión económica, alimentado por todo tipo de pronósticos catastrofistas que podrían acabar provocando una profecía autocumplida. Desde hace una semana, el Gobierno intenta enviar mensajes más positivos sobre la economía española. La ministra Nadia Calviño está en ello.

El Gobierno socialista se halla en el escenario previsto en agosto, cuando Pedro Sánchez optó, conscientemente, por la repetición electoral. Sánchez y su gabinete se hallan en alta mar, enviando mensajes de tranquilidad en morse, alfabeto que no todos los españoles saben descifrar. Intentan convocar una Mayoría Cautelosa alrededor del PSOE que supere los 130 escaños.

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