Enfermedad inflamatoria pélvica: causas, síntomas y tratamiento

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Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y las infecciones de transmisión sexual (ITS) están a la orden del día. Estas patologías, que se transmiten de una persona a otra a través del contacto vaginal, anal y oral (entre otras vías), afectan a más de 370 millones de personas cada año. Las ETS tienen un efecto directo en la reproducción, pero también conllevan estigmatización, vergüenza y otros muchos efectos adversos de corte social.

Aunque ciertas ETS sean autolimitadas, muchas de ellas requieren tratamiento inmediato para evitar complicaciones, las cuales van desde una sintomatología leve hasta el desarrollo de cáncer (e incluso muerte). En las siguientes líneas, recogemos las particularidades clínicas de uno de los efectos secundarios más comunes de las ETS sin tratar: la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP).

¿Qué es la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP)?

Tal y como indican fuentes médicas, la enfermedad inflamatoria pélvica (abreviada como EIP en español o PID en inglés) es una inflamación del aparato genital superior debido a una infección. Afecta al sexo biológico femenino, y las estructuras afectadas suelen ser el útero, las trompas de Falopio y/o los ovarios. Su aparición suele estar asociada a las infecciones y enfermedades de transmisión sexual (ETS e ITS), si bien puede tener otras etiologías en un menor número de casos.

La EIP ocurre con mayor frecuencia en mujeres entre 15 y 25 años de edad. En regiones de alto ingreso, se estima que la incidencia en mujeres de 15 a 39 años es de 10-13 por cada 1000, con una incidencia máxima de alrededor de 20 por 1000 mujeres en el grupo de edad de 20 a 24 años. Además, parece ser que su prevalencia ha ido en aumento en las últimas décadas. Su mayor diagnóstico coincide con el incremento de personas afectadas por enfermedades de transmisión sexual.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica?

La sintomatología de la enfermedad inflamatoria pélvica puede ser leve, lo que dificulta bastante el diagnóstico en los primeros estadios de la patología. Entre los signos clínicos más destacables, citamos los siguientes:

  • Dolor, que va de leve a severo, en la región abdominal-pélvica.
  • Descarga vaginal anormal, la cual suele tener un olor desagradable.
  • Malestar al mantener relaciones sexuales.
  • Fiebre.
  • Náuseas y vómitos.
  • Sangrado vaginal anormal, especialmente después de mantener relaciones sexuales y entre periodos.
  • Sensación de ardor y dolor al orinar.
  • Menstruación irregular.

Ante cualquiera de estos síntomas, se hace esencial acudir al médico cuanto antes. Aunque no se trate de enfermedad inflamatoria pélvica en todos los casos, esto suele ser señal de una infección que requiere tratamiento inmediato.

Posibles complicaciones de la EIP

La infección del aparato genital femenino desemboca en inflamación de los tejidos de diversos órganos, resultando en cicatrización, adherencias y obstrucción parcial o total de las trompas de Falopio. Una EIP no abordada a tiempo se ha asociado a dolor pélvico crónico, infertilidad, embarazo ectópico (la principal causa de muerte relacionada con el embarazo en mujeres adultas) y otras complicaciones.

Tal y como indican estudios, la tasa de infertilidad tras esta condición oscila entre un 5,8 y un 60 % de las mujeres afectadas, dependiendo de la severidad de la infección. La EIP también explica hasta el 50 % de los embarazos ectópicos. Sin duda, estas cifras ejemplifican la importancia de tratarla cuanto antes para evitar efectos graves sobre la salud.

Causas de la enfermedad inflamatoria pélvica

Como hemos dicho en líneas previas, la EIP está muy asociada a las enfermedades de transmisión sexual y las infecciones de transmisión sexual. En el 85 % de los casos, el cuadro es provocado por bacterias que se contagian por vía vaginal durante el sexo. Entre los agentes patógenos más sospechosos, los microorganismos Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis son los más habituales. Si no se recibe el tratamiento adecuado de estas infecciones, hasta el 15 % de las mujeres afectadas terminarán desarrollando enfermedad inflamatoria pélvica.

Aunque la clamidia y la gonorrea sean los responsables principales, también hay que citar otros microorganismos, como las bacterias del género Mycoplasma.

En algunos casos menos usuales, la infección ocurre cuando bacterias que forman parte de la microbiota normal del entorno vaginal crecen de más o se diseminan al tracto genital superior. Esto puede ocurrir por varias causas, entre las que destacamos las siguientes:

  • Parto.
  • Cirugía pélvica.
  • Aborto.
  • Tras la inserción de un dispositivo intrauterino (DIU).

Diagnóstico de la EIP

Ante cualquier síntoma de enfermedad inflamatoria pélvica, se requiere acudir al médico con presteza. Cuanto antes se detecte y trate la enfermedad, menor probabilidad habrá de complicaciones a corto y largo plazo. Entre los primeros métodos de cribado, se requiere una prueba de diagnóstico de ETS para conocer el agente causal. Puede requerirse una prueba de embarazo para descartar el embarazo ectópico como causa del malestar pélvico. También suelen ser necesarios los cultivos de microorganismos en orina para descartar una infección urinaria.

Dependiendo de las sospechas clínicas, también pueden ser necesarias pruebas de diagnóstico por imagen (como ecografía) para obtener imágenes claras del aparato reproductor y evaluar la extensión de los daños. La biopsia endometrial y la laparoscopia pueden ser otras opciones para arrojar más información en el diagnóstico, aunque no siempre son necesarias.

Tratamiento de la enfermedad inflamatoria pélvica

El tratamiento temprano va enfocado a acabar con la infección que está causando la enfermedad. En general, se indica la administración de antibióticos por vía oral durante un periodo de unos 14 días. Es muy importante tomar la medicación a rajatabla, aunque disminuya la sintomatología, pues de lo contrario podrían promoverse resistencias a antibióticos en el futuro y tener infecciones sucesivas más agresivas.

También es necesario realizar pruebas diagnósticas de ETS a los compañeros sexuales de la paciente, pues es posible que ellos estén infectados y requieran la toma de antibióticos. En los casos en los que la presentación clínica sea severa, se esté embarazada o se presenten abscesos pélvicos, puede ser necesaria la hospitalización.

La enfermedad inflamatoria pélvica es una condición que puede tornarse grave si no se llevan a cabo las pruebas pertinentes para el diagnóstico. Ante cualquiera de los síntomas aquí citados, te recomendamos ponerte en manos de un profesional médico.

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