Un cielo vivo, es el sur de Honduras

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El sur de Honduras, un paraíso vivo

Cuando los españoles llegaron a América, no tenían ni idea de que la región de América Central fuese un lugar que les permitiese cruzar por tierra desde el Atlántico hasta el Océano Pacífico en un período relativamente corto de tiempo.

Una vez se dieron cuenta de lo magnífico de esta oportunidad, comenzaron a explorar, descubriendo en última instancia un lugar al que llamarían Golfo de Fonseca, un lugar hoy compartido por Honduras, El Salvador y Nicaragua.

¡Qué agradable sorpresa fue para los descubridores encontrar un lugar con esas increíbles paisajes donde el mar se ve interrumpido por enormes macizos volcánicos visibles desde lejos, un golfo rico en vida, visitado por ballenas gigantes, delfines y un sinnúmero de aves que hacen sus nidos en los bosques de manglares a lo largo de sus costas, un paisaje que no ha cambiado mucho en más de 500 años y cuyo mejor aliado es Honduras.

Hay mucho para el visitante para ver y disfrutar. Lo primero que se nota al llegar a la costa del golfo es la ubicación de una isla sobre el mar con el perfil perfecto de un volcán, la Isla del Tigre, una isla que lleva el nombre del pirata inglés Francis Drake, quien utilizó el lugar como escondite desde el que lanzar sus feroces ataques “como un tigre” contra los buques españoles que utilizaban estas rutas.

A los pies de la isla encontramos la ciudad de Amapala, la ciudad que a principios del siglo XX fue elegida como el nuevo hogar de inmigrantes italianos y alemanes, una atractiva y vibrante ciudad visitada incluso por Albert Einstein, y el primer lugar que visitó en Honduras el presidente de los EE.UU, Herbert Hoover, junto con su séquito, marcando la definición de una nueva hoja de ruta en las relaciones entre ambos países.

Magníficos eventos tienen lugar todos los días y otros por temporada. Todos los días al amanecer y al atardecer, miles de aves sobrevuelan los cielos por encima de la “Isla de los Pájaros“, produciendo un sonido ensordecedor, mientras se llaman los unos a los otros, lo que demuestra que sigue existiendo santuarios para los pájaros. Se trata de un lugar inaccesible por tierra, la única manera de llegar allí es por mar, un mar lleno de vida donde, año tras año, miles de tortugas regresan para poner sus huevos en la misma playa donde nacieron, una oportunidad para que los niños y adultos por igual se conviertan en niñeras y tutores de las diminutas tortugas en su camino hacia un mar desconocido llamándolos con sus olas.

Las mismas playas que a mitad de año cambian de color cuando miles de cangrejos emergen elegantemente en busca de un socio en un espectacular desfile interminable de pinzas puntiagudas hacia el cielo.

Hay tantas playas para pasear y disfrutar, Los Amates, Ratón, Cedeño, Playa Negra, y muchas más desde el que llegar en barco para visitar sus varias islas de todos los tamaños, desde la pequeña isla Conejo a la que también se puede acceder a pie durante la marea baja, hasta las más impresionantes como Providencia, donde uno debe planear pasar la noche, escalar y acampar bajo los cielos claros bañados por las estrellas.

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