Según encuesta, para muchos hondureños, Morazán era un «demonio»

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Francisco Morazán nació un 3 de octubre de 1792, es decir, hace 222 años.

Tegucigalpa, Honduras.

La memoria que permanece de Morazán es la de un independentista que luchó por la laicidad del Estado, eliminar los diezmos, introducir el matrimonio civil, la educación laica y promover la libertad de culto. Jorge Amaya, historiador y docente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), comenta que la búsqueda de la libertad es el sello de la historia del paladín libertario de Centroamérica.

Sin embargo, las figuras de los próceres muchas veces se quedan reducidas a momentos históricos que los proyectan en la actualidad como “superhumanos”, “superhombres” de los que no hay y quizá no pueda haber más. Pero, nos dice Amaya: “Morazán era un ser humano, una persona con errores y con virtudes”.

El legado de Morazán

Presencia Universitaria: Tenemos una imagen de Morazán como un hombre sin defectos, ¿qué tan cercana es esa percepción a los datos históricos que se encuentran de él?

Jorge Amaya: Hay momentos de la historia que tienen tensiones políticas, sociales, que generan discursos radicales y otras etapas donde hay más paz o tranquilidad en una sociedad, los discursos sobre una persona suelen ser más moderados.

En ese momento en que Morazán enfrentó dos guerras, se instaló en el poder por casi diez años y empezó a gestarse como una literatura apologética que perfiló varias características de Morazán. Una fue la del guerrero, un Morazán militarista, con dotes de masculinidad muy apreciadas en la época, un Morazán macho, que tenía muchas novias, que era muy apetecido por el sexo femenino.

Y también se empieza a construir su imagen de estadista beligerante; pero igualmente se empieza a construir por los conservadores y religiosos de la época. Esa imagen la abordé hace poco en un artículo sobre la historia del diablo en Honduras, y es la satanización de Francisco Morazán que se expresó en varias acciones de los conservadores y de la iglesia.

¿Cómo se presentaba esa satanización?

El Papa excomulgó a Simón Bolívar y a San Martín; a Morazán no, porque quizá era menos importante y sonaba menos que Venezuela y que Argentina, pero sí tuvo como detractor al obispo Ramón Casaus y Torres, ya que Morazán expulsó a todos los religiosos de Guatemala, que eran más de 200, casi 270.

Luego envió al obispo y a los religiosos a La Habana, que era el único reducto que le quedaba a los españoles, porque Cuba era todavía de España. Y desde ahí emprendieron una campaña satanizando a Morazán. Bueno, hay unos textos que tengo en el artículo, en el que no sólo satanizan a Morazán, sino que lo califican como el peor de los demonios y de todas sus legiones.

¿Era Morazán esa figura tan idealizada que hoy conocemos?

Esa idea se constituye a partir de la Reforma Liberal, porque los primeros textos fueron una especie de discursos ideológicos, o algunos panegíricos en el caso de quienes los ensalzaban, así como opiniones en la prensa o periódicos de parte de la iglesia. Pero cuando se implanta la Reforma Liberal en Guatemala y luego en Honduras, es Ramón Rosa, más que Soto, el que se plantea que si la República fracasó, que ellos debían ser sus continuadores.

Por eso muchos historiadores liberales llamaban a la Reforma Liberal la “segunda república” y decían que para construir esa patria tenían que construir héroes. ¿Quién es el principal héroe del liberalismo? Pues Morazán. Así se empezó a alimentar una literatura en esas dos vías, una que serían apologías de Morazán, que empiezan desde Ramón Rosa mismo, que escribió la primera biografía de Morazán en Honduras. Y, luego, casi todos los historiadores hondureños lo han ensalzado.

¿Hay quién haya escrito algo en contra de Morazán?

Yo no conozco un sólo trabajo de un historiador hondureño que haya hablado mal de Morazán. Pero, en Guatemala surgió la vertiente opuesta, la vertiente antimorazanista. Que creo que se expresó más fielmente en el siglo XX con el libro de un famoso periodista y polemista guatemalteco de nombre Clemente Marroquín Rojas, para quien Morazán era el mismo diablo.

Él escribió un libro que es como una biografía paralela de Morazán y Rafael Carrera. Para él, más bien, quién salvó a la república fue Carrera y a Morazán lo define como el responsable de todos los males de Centroamérica: toda la pobreza, la división, el atraso, se lo achaca él al fracaso de la República. Entonces, en ese momento se presenta un Morazán diablo y un Morazán angelical.

Entonces, ¿cómo era Morazán?

Por las lecturas que he hecho y por los testimonios que me muestra la historia hoy en día y en procesos anteriores, Morazán era un hombre, una persona con errores y con virtudes. Pero creo yo que en el cúmulo de personajes políticos, de la historia de Centroamérica, es el más grande centroamericano.

Más allá de sus errores, creo que no hay otro personaje con la grandeza de Morazán, aunque yo soy partidario de una versión de la historia más social, una historia que concibe el proceso pasado de la humanidad como las relaciones entre todas las personas en una comunidad, pero para mí, Morazán es el personaje más importante de toda la historia de Centroamérica. No hay otro.

Ahora bien, los aportes de Morazán se pueden ver en tres áreas: en lo político, la integración económica y la educación. ¿Coincide usted con esos tres aspectos?

Coincido, pero quizá añadiría uno más. Por ejemplo, uno se encuentra constantemente en textos sobre Morazán, proclamas políticas y militares, que él era un convencido de los ideales republicanos y de los derechos que se otorga a un ciudadano, que son los principios básicos del liberalismo.

Es decir, Morazán rechaza las divisiones sociales, que habían existido en el antiguo régimen: la aristocracia que tenía derechos y el pueblo que carecía de todo. Morazán formula siempre que el principio, el fundamento de un Estado, es la suma de los derechos del ciudadano, del soberano. Y eso es lo más importante, esa es la base del liberalismo, es la base de una democracia.

Y debajo de esos están los que me mencionó en su pregunta; es decir, ya derechos como de primera generación: el derecho a la libertad de conciencia y por ende a gozar de una educación libre de dogmas, una educación laica, el derecho a la libertad de culto, y el más importante, la libertad.

Él es el que promueve que la Asamblea Constituyente aboliera la esclavitud, un principio del liberalismo. A veces la gente dice sólo que él nos dio la escuela laica, la libertad de culto, pero es más que eso. El ideal de la unión, por supuesto, la patria grande, que se dice.

Eso es espectacular, eso tiene vigencia todavía, aunque no creo que se haga realidad sino en 200 o 300 años, porque cada Estado centroamericano quiere ser un paisito. Pero el ideal de la patria grande es genial, es vigente. Cómo nos respetarían más si fuéramos una patria desde Chiapas hasta Panamá.

En cuanto a la educación, el legado de Morazán es innegable al otorgarle la laicidad. Pero, ¿qué más impulsaba Morazán en temas de educación?

No sólo es el primero que reconoce la laicidad, sino que el Estado debe dirigir el sistema educativo. Que la educación debe ser gratuita, también consiguió la formación de lo que podríamos llamar la verdadera educación laica, que no es sólo quitar lo religioso, sino también enseñar las ciencias y la Ilustración, la técnica. Morazán concebía la importancia de renovar la universidad en Centroamérica y crear carreras técnicas. En el nivel básico, el sistema era el lancasteriano.

Era bien interesante porque, hoy en día que se habla del sistema por competencias es casi lo mismo. Morazán nos hablaba del modelo por competencias hace 200 años. ¿Y cómo era? Hoy en día el modelo por competencias concibe que todos aprenden con diferentes tiempos y en diferentes niveles de profundidad. Unos que aprenden más rápido y otros, más lento. presciencia Universitaria

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