Se viene una semana complicada para el Real Madrid

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El Real Madrid camina por lo más alto en LaLiga, mientras mira desde el sótano a todos sus rivales de grupo en la Champions League. En cualquier caso, el equipo blanco y su entrenador, Zinedine Zidane, deben despejar dudas en siete días que se antojan como los más complicados desde que en agosto pasado se iniciara la temporada.

Mallorca, Galatasaray y Barcelona -en seis días- medirán el momento del equipo y del técnico francés, que han pasado por momentos de todo tipo en estos dos meses de competición. Semana de tensión y, lo que es peor, sin saber qué jugadores regresarán en plenitud de condiciones después de la doble jornada de partidos internacionales que ya ha dejado las dudas de Modric y Bale.

El choque ante el Galatasaray se ha convertido en una final inesperada en el camino blanco, en eso de mejorar lo logrado la pasada campaña y de repetir lo conseguido las tres temporadas anteriores en la máxima competición continental.

De Estambul el Real Madrid no va a salir eliminado, pero sí que se quedaría muy cerca del abismo de la no clasificación para octavos de la Champions, algo desconocido para la entidad madridista.

Zidane y su equipo de trabajo saben de la importancia de ese partido. Ganar serviría de bálsamo reparador, pero el partido ante el equipo turco llega cuatro días antes de la cita ante el Barcelona en el Camp Nou, esa que el madridismo tiene muy presente desde la manita de la pasada temporada. El escenario ideal hubiera sido llegar a Estambul con los deberes hechos, pero el doble fallo cometido obliga a los blancos a acudir con todo y con todos a un territorio duro y complicado.

Zidane sabe que hay mucho en juego en estos tres partidos. El francés debe dar con la tecla de algunos jugadores para que recuperen su mejor versión -especialmente Hazard y Marcelo, lejos de su punto de forma óptimo- y encajar a esos jóvenes que parecen haber perdido el sitio, como pasa con Vinícius, el ahora Olímpico Rodrygo, el casi desaparecido Jovic y el olvidado Militao, tras su buen partido en el duelo ante Osasuna. El rompecabezas no termina de solucionarse y la versión doméstica sí da para sacar pecho, pero la europea no.

La entrada de Valverde en el once, parece que para quedarse, ha llegado de la mano de un golpe de aire fresco que tanto necesitaba un once en el que el músculo y la energía parecían elementos desaparecidos. Gran parte de la afición reclaman al técnico esa juventud, ver caras nuevas en el equipo. La llegada del uruguayo ha dado ese impulso y ha supuesto un golpe de moral a los seguidores madridistas, que ven en el volante a un jugador capaz de hacerse un sitio.

El partido de Mallorca es clave para llegar al Clásico en lo más alto de la tabla. Tras el mal inicio del Barcelona, los empates blancos ante Valladolid, Villarreal y Atlético han reducido la ventaja blanca a dos puntos. Zidane sabe que debe llegar como líder al Camp Nou y eso pasa por ganar al equipo de Kubo. Cuestión de moral y de seguridad para esas dos finales ante Galatasaray y Barcelona.

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