Sabanagrande, cuna de las rosquillas en Honduras

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Tegucigalpa, Honduras.

Este pintoresco municipio de Francisco Morazán de casi 18 mil habitantes, no solo es visitado por sus sabrosas rosquillas o las artesanías de barro y tusa, también posee otros atractivos dignos de mencionarse.

Su cabecera municipal rodeado de agrestes montañas y calles empedradas, se ubica a un poco más de cuarenta kilómetros al sur de Tegucigalpa, y es dueña de uno los cascos urbanos de arquitectura colonial y neoclásica mejores conservados del departamento.

En tiempos precolombinos, al sitio se le conocía como “Apakunka”, o “Sabana de Pacones” en lengua matagalpa, por la gran cantidad de ese árbol que existían. Otra hipótesis sobre su significado la hace Alberto Membreño (Nombres Geográficos de la República de Honduras; 1994. Editorial Guaymuras: Tegucigalpa, Honduras) sugiriendo que “Apacunca” es de origen náhuatl para “lugar de agua para lavar”.

En cualquiera de los casos, su nombre indígena fue cambiado durante la colonia a “Villa del Rosario”, en honor a la que sería la patrona del lugar. Finalmente, un 15 de septiembre de 1875, se la denomina oficialmente como “Sabanagrande”, probablemente debido a sus amplios prados de sabana.

El municipio se crea en 1889 teniendo bajo su dominio áreas de las jurisdicciones de Leparterique, Ojojona y Reitoca, y abarcando los que hoy son los municipios de La Venta, San Buenaventura, Santa Ana y Coyolar (actual Nueva Armenia).

os primeros colonos se dedicaban a la agricultura, cultivando especialmente caña de azúcar, maíz y frijoles. Pero Sabanagrande creció en base a la minería.

En la región existen yacimientos de oro, azufre, plata y carbón siendo el mineral San Marcos, situada a tres kilometres del pueblo, la más explotada. Primero fue minada por los españoles de una forma artesanal, luego a partir de 1878 la trabajó la “Rosario Mining Company”. Esta empresa estadounidense empleó en su apogeo a unos 500 hombres, extrayendo grandes cantidades de oro y plata.

Para 1928, la mina ya no es rentable y la Rosario retira sus operaciones. Un peculiar motivo sobre este abandono especulan los locatarios, afirmando que los mineros norteamericanos ofrecieron a la iglesia un reloj de oro el cual nunca fue cedido, por lo que creen que la mina se les “ahogo”. Más de alguno ha querido trabajarla de nuevamente, pero el agua en sus cavidades lo impide, cumpliéndose así el castigo de la Virgen por no cumplir con lo prometido.

Otro evento que trajo desarrollo efímero a la comunidad fue la apertura del tramo carretero Tegucigalpa-San Lorenzo de 1899 a 1903 durante la administración presidencial del general Terencio Sierra.

Para este tiempo, por falta de vías de comunicación, transporte se efectuaba en tediosos viajes a lomo de mula o en carretas, gobierno central advirtiendo las dificultades en movilizar equipo, material y personal, optaron por un punto medio para su centro de operaciones trasladando temporalmente la Secretaria de Fomento, Trabajo y Obras Públicas a Sabanagrande.

En este periodo se empedraron la mayoría de sus calles, convirtiéndose también en un núcleo comercial de todos los municipios circunvecinos.

Esta actividad mercantil decae drásticamente al concluirse la obra de la carretera Sur.

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