Remesas recurso efectivo para el desarrollo de Honduras

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Tegucigalpa, Honduras.

Por cada dólar procedente de la inversión extranjera, ingresan en la economía nacional tres dólares enviados por los emigrantes.

Esta relación puede ser interpretada en el sentido que las remesas triplican el rendimiento de las divisas que son puestas en el torrente del aparato productivo.

Los economistas coinciden en que Honduras está en deuda con los compatriotas que tienen comprometida su fuerza laboral en el extranjero y que se fueron del país en busca de otros derroteros.

Los connacionales envían un promedio de 350 ó 400 dólares, de lo que se deriva la necesidad de imprimirle mayor productividad a las remesas, a través de proyectos como los de vivienda social.

Los envíos de los emigrantes son un recurso efectivo para emprender el desarrollo de Honduras. De hecho, las remesas sostienen las reservas internacionales y constituyen uno de los dos pilares de la dinámica económica del país.

De acuerdo con los análisis realizados por los expertos, el sistema financiero tiene un gran potencial para elevar el rendimiento de las remesas.

Esto es, darle otro giro a las divisas que generan los emigrantes y que, en un 85 por ciento, son destinadas para el consumo y contratación de servicios que termina provocando un ciclo de salida de los dólares o de euros, según sea el caso.

En los últimos 14 años Honduras ha recibido una cantidad redondeada de 30, 500 millones de dólares.

En todo este tiempo, el flujo de dinero producido por los hondureños que trabajan en el exterior ha mantenido un nivel ascendente, excepto en 2009, cuando las remesas cayeron en 400 millones de dólares, un comportamiento ligado a factores de la crisis política.

Entre 2000 y 2003, el envío de moneda extranjera varió entre los 400 y los 800 millones de dólares anuales, mientras que en 2004 y 2005, estas cantidades superaron los mil millones de dólares cada año.

Entre 2006 y 2012, las remesas rebasaron por mucho la banda de los dos mil millones de dólares anuales y desde 2013, la economía nacional ha recibido un fuerte impulso por las divisas que llegan de parte de los emigrantes y que sobrepasan los tres mil millones de lempiras al año.

El desafío sigue siendo cómo darle un rendimiento más efectivo a las remesas en correspondencia con el sacrificio que realizan los hondureños que se han ido del país en búsqueda de mejores horizontes.

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