La OPS destaca la crisis de salud mental poco reconocida a causa de la COVID-19 en las Américas

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 Una nueva publicación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) destaca el efecto devastador de la pandemia por COVID-19 en la salud mental y el bienestar de las poblaciones de las Américas, así como el impacto que tuvieron las interrupciones de los servicios en toda la región. 

«Fortaleciendo las respuestas de salud mental a la COVID-19 en las Américas: un análisis de la política sanitaria y recomendaciones«, publicado recientemente en The Lancet Regional Health – Americas, examina estudios y datos de los países de la región en un esfuerzo por comprender mejor el impacto de la pandemia en la salud mental de la población.

Los datos analizados muestran que más de cuatro de cada diez brasileños han tenido problemas de ansiedad, los síntomas de depresión se quintuplicaron en Perú, y la proporción de canadienses que informaron de altos niveles de ansiedad se cuadruplicó como resultado de la pandemia.

«El mensaje es claro: hemos estado operando en modo de crisis desde el inicio de la pandemia», afirmó el doctor Anselm Hennis, Director de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS. «Además de manejar el miedo a enfermar y el trauma de perder a los seres queridos a causa del nuevo coronavirus, la gente de las Américas ha sufrido desempleo, pobreza e inseguridad alimentaria, y el impacto adverso en la salud mental ha sido generalizado», destacó.

El documento también indica un marcado aumento de los incidentes de violencia doméstica durante la pandemia, citando estudios nacionales basados en los registros de las líneas telefónicas de ayuda, los informes policiales y los datos de los proveedores de servicios, lo que agrava los ya elevados índices de violencia de la región, que triplican la media mundial.

En el documento se analizan además las consecuencias para la salud mental de las personas que padecieron el nuevo coronavirus. «Los datos existentes sugieren que a un tercio de las personas que sufrieron COVID-19 se les ha diagnosticado un trastorno neurológico o mental», dijo la autora principal del documento de la OPS, Amy Tausch. «Esperamos que el aumento de la carga de la salud mental pueda ser uno de los efectos más importantes de la COVID-19 a largo plazo», vaticinó.

En un momento en que la atención y el tratamiento son más necesarios, la publicación señala continuas interrupciones en los servicios esenciales para los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias en más de la mitad de los países de la región.

«La falta de acceso a los servicios de consejería, la menor disponibilidad de atención en persona y el cierre de escuelas han limitado las formas en que las personas pueden recibir apoyo en materia de salud mental, dejando a muchos aislados, vulnerables y en mayor riesgo», consideró el doctor Renato Oliveira, jefe de la Unidad de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OPS.

El material también documenta el impacto de la COVID-19 en la salud mental de las poblaciones vulnerables, como los jóvenes, las mujeres, las personas con enfermedades mentales preexistentes, así como los trabajadores de la salud y de primera línea y las personas de menor nivel socioeconómico, y señala que estos se han visto más gravemente afectados por las interrupciones de los servicios de salud mental.

Los autores piden que se actúe de inmediato para reforzar los sistemas y servicios de salud mental en la región, con especial atención a la integración del apoyo psicosocial en sectores y entornos como la atención primaria de salud, la educación, los servicios sociales y los sistemas de apoyo comunitario. Para mitigar el impacto de la pandemia, los autores subrayan que la salud mental debe incorporarse a los planes de preparación, respuesta y recuperación ante emergencias.

Antes de la pandemia, se había calculado que los trastornos mentales costarán a la economía mundial 16 billones de dólares en 2030 si no se abordan. Se necesitan urgentemente inversiones adicionales, y a medida que los países aumentan las inversiones en servicios de salud mental, los autores instan a dar mayor prioridad a los grupos en situación de vulnerabilidad.

«La salud mental ha sido durante mucho tiempo un área descuidada de la salud pública en las Américas. Los gobiernos deben aprovechar la pandemia por COVID-19 como una oportunidad para reforzar sus servicios de salud mental y hacer las inversiones necesarias para reconstruir mejor y en forma más justa», subrayó el doctor Oliveira.

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