La iglesia no cierra templos, quien lo cierra es la irresponsabilidad: Cardenal Rodríguez

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Debido a las restricciones que impone la cuarentena en el país la fiesta de la iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía, también conocida como Corpus Christi o la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, fue conmemorada atípicamente este domingo en Honduras.

“Algunos nos preguntan porque nos cierran los templos, porque nos privan de la eucaristía, quiero decirles que la iglesia no cierra los templos, quien los cierra es la irresponsabilidad de aquellos que no les importa contagiarse”, manifestó el cardenal Oscar Andrés Rodríguez.

El arzobispo de Tegucigalpa en la misa televisada indicó que el amor a Jesús sacramentado nos pide seguir al pie de la letra todas las medidas para contener “el enemigo silencioso” del coronavirus a fin de volver a celebrar la comunión con el cuerpo de Cristo.

Recordó que cuando se vive la adoración eucarística no se está adorando un ídolo ni un pedazo de pan “ahí está Jesús que nos dice: esto es mi cuerpo y mi sangre derramada por vosotros”.

A casi tres meses de confinamiento el prelado católico en Honduras manifestó que se pueden sacar algunos puntos positivos.

Es de la opinión que muchos cristianos católicos han llegado a apreciar más el recibimiento del pan de vida.

“Por eso tenemos la comunión espiritual, pidiéndole al Señor que lo más pronto posible, pero no de una manera irresponsable se pueda volver a abrir los templos para la celebración de la eucaristía”, dijo.

Explicó el líder religioso que algunas parroquias en el país no pueden ofrecer los servicios todavía debido a la escalada de casos por la pandemia.

“Se están infectando cada vez más los barrios porque la gente sigue sin acatar la medidas de bioseguridad”.

“Sé lo que sufren los fieles que estaban acostumbrados el ir hacer la adoración eucarística en la Catedral, pero ya volverá el tiempo cuando seamos más dóciles y cumplamos todas las medidas necesarias para evitar que el virus se continúe propagando”, agregó.

Resaltó diciendo que el participante de la eucaristía está llamado a ser fermento de la solidaridad y para ello es necesario “salir de nosotros mismos”.

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