Guerra Patria: Centroamérica unida en contra del esclavismo

0 376

Septiembre es considerado como el mes patrio en los cinco países representados en las estrellas de nuestra bandera nacional, es por ello que Diario Roatán les trae una historia que tal vez muchos hondureños no conocen hasta aún, y es el relato de cuando los países del istmo se unieron para luchar en contra del filibustero William Walker, que intentaba hacer de Centroamérica un yacimiento de esclavos para los Estados Unidos.

Nicaragua se encontraba sumergida en una guerra civil en la que día a día se contaban por docenas los fallecidos, es allí cuando William Walker se involucró en la guerra para apoyar al bando democrático, esto para asumir el poder de la nación centroamericana y basar su economía en el esclavismo.

Walker desembarcó el 13 de junio de 1855 en El Realejo con su séquito de reclutas denominados com “Los Inmortales”. Desde ese momento se empezaron a desarrollar los conflictos bélicos en la región entre los filibusteros y tropas nicaragüenses del bando legitimista registradas en la historia nicaragüense como la Primera Batalla de Rivas.

El 13 de octubre William Walker se tomó la ciudad de Granada con el apoyo de tropas nicaragüenses del bando democrático. El 20 de marzo de 1856 se libró la Batalla de Santa Rosa en territorio costarricense y el 11 de abril se dio la Segunda Batalla de Rivas con el protagonismo del soldado costarricense Juan Santamaría.

El 26 de febrero de 1856 el presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, declaró la guerra a Walker.  El 18 de julio de 1856 se firmó en Guatemala una alianza entre Nicaragua, Guatemala, Honduras y Salvador, para formar un Ejército Aliado para la defensa de Nicaragua e impedir la amenaza que se cernía contra el resto de Estados centroamericanos.   “Todas o Ninguna”, era la divisa de los filibusteros.

Esclavitud en Centroamérica

El 12 de julio de 1856 William Walker tomó juramento como presidente del país en la Plaza Central de Granada, decretando en el momento el uso del idioma inglés y la esclavitud, además, sanciones para las personas que se dedicaban al trabajo de servicio si lo llegaban a abandonar antes de culminar el contrato.

El 14 de septiembre el ejército nicaragüense libra victoriosamente la batalla de San Jacinto, donde derrota a las tropas del filibustero. Esto le sube la moral a los combatientes centroamericanos, que con sus viejos fusiles de mecha enfrentaban a los filibusteros armados con rifles de repetición y revólveres Colt.

Después de San Jacinto, se libraron las batallas de Masaya en octubre y noviembre; del 24 de noviembre al 14 de diciembre se dio la destrucción de Granada en medio de intensos combates entre los filibusteros y el ejército aliado.

El 23 de marzo 1857 se desarrolló la tercera Batalla de Rivas y el 11 de abril la cuarta.  Acorralado William Walker, sin municiones ni provisiones, se rindió la mañana del 1 de mayo de 1857 ante el comodoro estadounidense Charles Henry Davis, donde no estuvo presente ningún miembro del ejército centroamericano, por lo que Walker abandona Nicaragua en la corbeta St. Mary´s.

Al llegar a Estados Unidos, William se reubica en Nueva Orleans, donde empieza a escribir sus memorias de las batallas que libró en Nicaragua, así que de un momento a otro pensó que sería buena idea incursionar en lucha por el poder, es por ellos que reúne fondos y reclutar soldados para una nueva ofensiva.

A las dos de la madrugada del 6 de agosto de 1860, con una tropa de 92 hombres, William Walker desembarcó a dos kilómetros del Puerto de Trujillo, por lo que desde allí emprendería la ruta para regresar a Nicaragua.

En ese momento se esperaba que en cualquier momento iba a regresar el filibustero, por lo que Gran Bretaña retrasó la entrega de Islas de la Bahía a Honduras. Se dice que un indio se percató de la presencia de Walker, es así que mediante un cañonazo se dio la señal y un grupo de soldados hondureños salió al encuentro de los invasores.  Walker no tenía ningún partidario de su causa y era de esperarse que si lo capturaban sería su fin, por lo que su último intento fue tomarse la aduana, pensando que sin ella la ciudad no iba a tener los suficientes fondos para dar el combate.

El 19 de agosto la nave británica Icarus, comandada por el capitán Norvell Salmon, entró en el puerto de Trujillo y ancló frente al fuerte donde Walker se encontraba con 90 hombres.

La ciudad estaba desierta, Norvell Salmon le envió una nota perentoria a Walker el 21 de agosto pidiéndole que depusiera las armas y las entregará a las autoridades hondureñas, que regresara los fondos que había tomado de la aduana y que se reembarcara.

Walker intentó, sin cumplir con los requerimientos del comandante británico, una marcha fatigosa por el litoral para buscar un escape, luego fue perseguido y capturado.

Antes se había suscrito un convenio mediante el cual se entregaba a Walker y Rudler, su segundo, a las autoridades hondureñas para que fueran tratados conforme a derecho. Al resto se le permitiría regresar a los Estados Unidos bajo juramento de no participar en futuras expediciones contra los Estados Centroamericanos.

En su prisión, con grilletes, con la luz de dos candelas de un pequeño altar, Walker dijo al capellán que le daba consuelo espiritual: estoy resignado a morir; mi carrera política es concluida.

El 11 de septiembre el general Mariano Álvarez condenó a Walker a ser pasado por las armas de manera sumaria.  A las siete de la noche se le notificó la sentencia.

A las ocho de la mañana del 12 de septiembre, William Walker, cuidado por soldados hondureños caminó hacia la Plaza de Armas del Puerto de Trujillo. Se sentó en una silla y seguidamente un pelotón de diez soldados dando un paso al frente cumplió con la orden de abrir fuego.  Desde entonces sus restos se encuentran en el cementerio de Trujillo.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.