Ética médica: ¿reanimar o dejar ir?

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Ricardo, de 83 años, vive en un hogar geriátrico donde su salud se ha ido deteriorando tras sufrir una hemorragia cerebral que le ha ocasionado dificultades para hablar y moverse. Su calidad de vida, al igual que las visitas de sus familiares y conocidos, han disminuido gradualmente. 

Recientemente broncoaspiró. Sufrió un paro respiratorio. Pero los médicos lograron reanimarlo. Ante esta situación, su cuidador se cuestiona si hubiera sido más compasivo permitir que Ricardo descansara en paz y se liberara del sufrimiento en lugar de intervenirlo médicamente. 

¿Reanimarlo o dejarlo morir? 

Este caso fue discutido en el Comité de Ética Simulada, asociado al Hospital Simulado William Osler de la Facultad de Medicina de Los Andes. Aunque las historias analizadas en este comité son ficticias, reflejan los dilemas que enfrentan muchos profesionales de la salud al ejercer su profesión. Por un lado, está el deseo de preservar la vida y el bienestar del paciente, en línea con el juramento hipocrático, y, por otro lado, se encuentra la consideración del sufrimiento del paciente y la calidad de vida que podría experimentar después de la intervención médica. 

Este espacio tiene como objetivo brindar orientación ética a los estudiantes, a través del diálogo y la reflexión en el ámbito médico con el análisis de casos clínicos. “Se simula la experiencia de formar parte de un comité real en un centro hospitalario, al cual los estudiantes de Medicina no tienen acceso directo por la confidencialidad y privacidad de los pacientes. De esta manera, se desarrollan habilidades de pensamiento crítico, toma de decisiones éticas y resolución de problemas”, explica Daniel Suárez, profesor de la Facultad de Medicina de Los Andes.

Durante el comité ‘Desde un hogar geriátrico’, Roberto Esguerra, exdirector de la Fundación Santa Fe de Bogotá, subrayó la importancia de abordar el tema de las voluntades anticipadas con los pacientes y sus familias, especialmente en situaciones médicas, críticas o terminales. Estas conversaciones permiten que los individuos expresen sus deseos y preferencias con respecto a su atención médica y los tratamientos que desean recibir en circunstancias específicas. “De esta manera no solo se empodera al paciente, sino que también brinda claridad y orientación a los profesionales de la salud y a los familiares en momentos difíciles”, explicó. 

También es crucial considerar los criterios médicos en situaciones donde no hay una voluntad anticipada clara por parte del paciente. Aunque pueda que no exista un documento formal que exprese las preferencias del paciente, el médico debe evaluar la situación con base en la evidencia médica disponible.

Luis Jorge Hernández, Ph. D. en Salud Pública y miembro del Comité, señala que desde el ámbito de las políticas públicas se ha observado un abandono hacia la población adulta mayor. En Colombia, la tercera edad comienza a los sesenta años, sin tener en cuenta las diferencias significativas entre personas de 60, 70, 80 o 90 años, por lo que es necesario abordar las necesidades específicas de cada grupo de edad. De igual manera, el doctor Hernández recomienda desestigmatizar a los adultos mayores, reconociendo que muchos de ellos continúan siendo activos, autónomos y pueden seguir trabajando. Ejemplos como el del presidente Biden, de 82 años, lo demuestran. 

La responsabilidad de los familiares en el cuidado de los adultos mayores es de vital importancia, pues en los hogares geriátricos ofrecen muchas ventajas que, algunas veces, no suplen ese amor y afecto que solo puede brindar la familia, apoyo emocional fundamental para el bienestar de los ancianos. 

Temas sensibles como la vacunación obligatoria para el personal de salud, situaciones relacionadas con la identidad de género, realización de transformaciones físicas, así como la decisión de no recibir tratamiento médico o la esterilización en personas jóvenes; han sido parte de estos debates médicos. “Lo bueno de este espacio es que se reciben aportes desde diversas miradas y enfoques. Esto resulta en decisiones y recomendaciones más maduras y fundamentadas, ya que se generan a partir de un proceso reflexivo que integra múltiples puntos de vista. Lo que reduce los puntos ciegos que podrían existir si solo una persona estuviera a cargo de la evaluación”, señala Daniel Suárez, organizador del Comité.

Asimismo, destaca que el Comité ha proporcionado una valiosa herramienta pedagógica para el aprendizaje y la reflexión en el ámbito médico. “Cualquier persona puede acceder a este espacio simulado, observarlo e incluso participar, ya que se brinda la posibilidad de realizar preguntas en vivo”, destaca. Además, cada sesión queda grabada y se puede acceder a ellas desde la página de YouTube de la Facultad de Medicina. “Los profesores también pueden utilizar este insumo en cursos como el de ética médica y profesionalismo, así como en otras áreas de la medicina como ginecología y obstetricia, medicina interna o cirugía”, concluye Suárez, profesor de la Maestría en Bioética y Ética de la Investigación de Los Andes.

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