Estados Unidos limita viajes a científicos de Cuba

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Para celebrar su 80 aniversario, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) está organizando una fiesta de cumpleaños: una conferencia la semana próxima a la que varios colaboradores de los Estados Unidos planeaban asistir. Todos menos uno se han retirado, dice la viróloga del IPK, María Guadalupe Guzmán.

Algunos -explica- estaban inquietos por las recientes afirmaciones sobre las supuestas afectaciones de salud de los diplomáticos estadounidenses en Cuba.

Dos investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) dijeron al IPK que tenían problemas porque los funcionarios de la agencia les prohibieron viajar a Cuba.

Tres años después de que Estados Unidos y Cuba anunciaran el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, la atmósfera para la cooperación se torna más fría. En junio pasado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que retiraría el acercamiento, y su administración cumplió el mes pasado con las normas que limitan el viaje a Cuba desde Estados Unidos, y los lugares donde los ciudadanos de ese país pueden gastar su dinero dentro de la Isla.

Las nuevas regulaciones no apuntan explícitamente a la ciencia y tienen excepciones para los académicos.

La medida de la administración Trump que obliga los cubanos a viajar hacia un tercer país para solicitar una visa de los Estados Unidos, perjudica las visitas de científicos cubanos a los Estados Unidos.

La “nueva política hostil hacia Cuba socava la confianza” de los Estados Unidos en la investigación conjunta, dice Luis Montero Cabrera, investigador de la Universidad de La Habana. La administración de Trump “probablemente haya cerrado la puerta a muchas interacciones cubano-estadounidenses”, agrega John Van Horn, neurocientífico de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles

La atmósfera política tóxica inyecta incertidumbre en varias iniciativas en ciernes. Una se enfoca en los arbovirus, patógenos transmitidos por mosquitos que incluyen los virus zika, chikungunya y dengue. Luego de una convocatoria de propuestas sobre investigación de arbovirus con Cuba, el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos aprobó en junio cuatro subvenciones de un año, cada una con un pago de hasta 50 mil dólares.

Estas modestas subvenciones -según los estándares de los EEUU- administradas por CRDF Global, una organización sin fines de lucro en Arlington, Virginia, son una bonanza para los científicos cubanos, que tienen escasos recursos para la investigación. El IPK ganó las cuatro subvenciones, incluidos los estudios de inmunidad contra dengue y las pruebas de la capacidad de la bacteria Wolbachia para frenar la transmisión de arbovirus.

Según Guzmán, el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NIH) informó al IPK que las subvenciones han sido “suspendidas”. Un funcionario de CRDF Global dice que la cancelación no es política; sino que implica dificultades para transferir fondos a Cuba.

Otras actividades científicas de los Estados Unidos en la Isla están en el limbo.

Las noticias para la ciencia cubana no son del todo desalentadoras. En octubre, el programa insignia de investigación de la Unión Europea, Horizonte 2020, anunció que permitiría a los cubanos solicitar subvenciones junto con colegas europeos. Y algunas colaboraciones con los Estados Unidos siguen por buen camino. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU patrocinó un crucero de investigación conjunto el verano pasado con el Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Cuba (SNAP) que circunnavegó la Isla, evaluando los arrecifes de coral. Este mes, el SNAP recibirá a varios científicos provenientes del país norteamericano.

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