Cantarranas, San Juancito y Valle de Ángeles: Turismo fascinante y único a minutos de Tegucigalpa

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Si usted quiere selfis coloridas visite Cantarranas; si anhela saber de historia minera, practicar senderismo y disfrutar de un clima fresco sin igual, diríjase a San Juancito, y si busca comprar alfarería, comer bien y llevarse recuerdos únicos, le ha llegado la hora de darse una vuelta por Valle de Ángeles.

El Feriado Morazánico se presta para iniciar una jornada envidiable que le puede deparar experiencias inigualables, que tiene garantizadas en el tour de grafitis, alfarería y senderismo, a menos de una hora de Tegucigalpa, por una carretera en buen estado que le conducirá a la diversión y el sano entretenimiento.

“Honduras es un país muy hermoso y es deber nuestro conocerlo y convertirnos en los mejores embajadores de sus bellezas”, manifestó en su momento el presidente Juan Orlando Hernández, el principal promotor de los destinos turísticos de la nación.

En un día, usted puede disfrutar en familia de una jornada que permanecerá por siempre en sus mejores recuerdos. Les invitamos a abrocharse los cinturones, porque este viaje, que se inicia en Cantarranas y concluye en Valle de Ángeles, jamás lo olvidará.

“Selfis pa´l feis…”

Las mejores selfis que una persona se pueda sacar con su celular sin duda las logrará en Cantarranas, un municipio que hoy, además de fabricar los mejores dulces y rosquillas del país, cuenta con parajes artísticos que les dejarán con la boca abierta.

A sólo 41 kilómetros de Tegucigalpa, Cantarranas es una región en la que usted disfrutará de innumerables grafitis por todo el casco histórico.

Don Carlos Medina, el encargado de Desarrollo Comunitario de la Alcaldía, cuenta que en los últimos años la Municipalidad ha invertido “buscando que todo se mire más bonito”.

Ante la cara que hoy muestra Cantarranas “los turistas se quedan impresionados; compran rosquillas, compran los mejores dulces del país y se llevan sus selfies”, dice Medina mientras muestra el hotel que en sus fachadas cuenta con el ave emblema de Honduras, la guacamaya.

En el centro histórico permanece en pie la casa donde nació Francisco Ferrera Sastre, quien fuera presidente de Honduras en cuatro ocasiones, mientras que en el lado opuesto se mantiene en uso la casa de otro exgobernante, Ramón Ernesto Cruz.

Doña María de la Paz Medina, productora de dulces que se venden en pequeñas panas en forma de frutas y que ahora se exportarán, invita a que “vengan a Cantarranas, disfruten del municipio y luego compren los dulces, que son los mejores del país”, dice mientras arma bolitas en forma de peras.

Luego, don Carlos Medina explica que en Cantarranas hay balnearios, comida típica de la zona a precios accesibles “y, lo mejor, se la van a pasar bien, eso se los garantizamos, y hasta estamos seguros de que van a volver”.

Cascada, mina y clima sabroso

A ocho kilómetros de Cantarranas, se encuentra el majestuoso pueblo de San Juancito, recordado desde mediados de los años 1900 por la Mina El Rosario y caracterizado por sus casas sobre pilotes, la cercanía con La Tigra y Jutiapa y la impresionante cascada de 78 metros que se encuentra a hora y media a pie de la localidad.

 En San Juancito es fácil encontrarse familias que recuerdan los tiempos de la mina, pero una vecina, doña María Estela Zapata, destaca que la zona poco a poco se ha convertido en un lugar muy visitado por turistas extranjeros.

 “Aquí lo que más le gusta a la gente es el clima”, dice mientras llega una ráfaga de aire fresco junto a lo que en su momento fue el hospital de la mina y hoy es un hotel para descansar de todo el bullicio de la ciudad.

A doña María la acompaña su hijo menor, Alberto, de nueve años, quien asegura que la cascada “y observar pájaros, guatusas, es lo que más les gusta a las personas que vienen, porque este es un lugar muy tranquilo”.

El Rosario es casi un caserío aledaño a San Juancito y allí, subiendo hasta llegar al viejo hospital hoy convertido en hotel, aún se puede ver el primer edificio de la embajada estadounidense, así como parajes verdes que incluso impiden la entrada de la luz del sol en horas del mediodía.

Por allí pasa con sus aguas muy transparentes el río Chiquito y se puede disfrutar de un descanso envidiable en cabañas cómodas para alejarse de la rutina o del estrés de ciudad.

Valle para comer y comprar…

De San Juancito a Valle de Ángeles apenas hay 10 kilómetros, siempre por una carretera en buen estado. Y ya en Valle de Ángeles hay restaurantes por doquier con la gastronomía típica de Honduras.

Sus calles empedradas, el clima, la alfarería para todos los gustos y los recuerdos son “característicos del municipio”, dice Christofer Joel Rodríguez, un jovencito de 18 años que trabaja en el Restaurante De Julio, muy visitado todo el año y que se ubica a un costado de la iglesia.

Valle de Ángeles, según el sitio loveexploring.com, es una de las 50 miniurbes más bellas del mundo, algo que respaldan su clima agradable y la facilidad con que se pueden adquirir alfarería, objetos de cuero y muebles de mimbre de acabado excepcional, entre otros méritos.

Pastora María Martínez, una emprendedora de bisutería que cuenta con un kiosco en el centro del parque, reconoce que “cada vez son más los turistas que nos visitan y para este Feriado Morazánico esperamos que vengan y disfruten de este hermoso lugar”.

En Valle de Ángeles se puede disfrutar de canopy, balnearios, restaurantes con diversidad de platos y un ambiente de seguridad y tranquilidad que ha enamorado por años a los turistas nacionales y extranjeros.

El recorrido por Cantarranas, San Juancito y Valle de Ángeles puede empezar muy temprano en la mañana y se puede disfrutar de las tres zonas a bajo costo, con poco recorrido en kilómetros, en muy poco tiempo y con recuerdos que permanecerán en la vida de los que se decidan a liberarse del estrés a menos de una hora de Tegucigalpa.

De interés

1. En Valle de Ángeles se puede disfrutar de paseos a caballo, deliciosos cafés y adquirir objetos de recuerdo a bajo costo.

2. San Juancito puede ser un lugar de descanso y reflexión con un clima excepcional, en un hotel que tiene un bajo costo o una cabaña con todas las atenciones de un hotel de montaña.

3. En Cantarranas, además de dulces, se venden rosquillas deliciosas y cuenta con gradas hermosas en todo el centro que invitan a caminar y dejar el tedio a un lado.

Por si acaso

– Un plato de sopa de gallina en pinol en Cantarranas le puede costar entre 70 y 80 lempiras y el dulce en pana, hasta 25 lempiras.

– Entre Cantarranas y San Juancito apenas hay una distancia de ocho kilómetros; lo que más enamora del otrora pueblo minero es el aire fresco que baja de La Tigra.

– En Valle de Ángeles una plaquita con tu nombre te cuesta 100 lempiras y por un precio muy bajo también adquieres bisutería o artículos de cuero y madera a los que les graban tu nombre gratis.

 

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