Antibióticos fuertes ante resistencia de bacterias

Estados Unidos

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La resistencia a los antibióticos que desarrollaron muchas bacterias es ya tema de preocupación en la comunidad médica. Tanto, que esta semana la Organización Mundial de la Salud difundió nuevas recomendaciones sobre qué antibióticos se deben utilizar contra las infecciones comunes y cuáles se deben reservar para los casos más graves.

Ahora, uno de los desafíos de la ciencia para combatir el creciente problema de las resistencias a los antibióticos pasa por intentar modificar los fármacos existentes para reforzar su capacidad y hacerlos más potentes frente a los patógenos.

En esa línea, un equipo de investigadores norteamericano consiguió una versión “superpoderosa” de la vancomicina, uno de los antibióticos que se emplean en la práctica clínica y para el que las bacterias ya desarrollaron resistencia.

Los científicos, del Instituto de Investigación The Scripps en La Jolla (California, EEUU) modificaron la estructura del fármaco, creando una versión más fuerte y que dificulta las resistencias bacterianas.

Según explicaron a la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los glucopéptidos, la familia de antibióticos a la que pertenece la vancomicina, eran un buen punto de partida para intentar desarrollar versiones mejoradas de las armas antibacterianas, ya que su mecanismo de acción evita, por sí mismo, el desarrollo de muchos de los mecanismos de resistencia que utilizan las bacterias.

Fue a partir de esta capacidad para hacer frente a las resistencias que los investigadores, liderados por Dale L. Boger mediante química orgánica lograron establecer modificaciones en la estructura del fármaco, que le dotan de un mayor poder.

En dos estudios anteriores, los científicos ya habían logrado desarrollar otras dos modificaciones en la vancomicina, con lo que, en conjunto, lograron que el antibiótico disponga de tres mecanismos de acción frente a las bacterias: dos de ellos contribuyen a romper la pared celular de las bacterias, mientras que el tercero altera la permeabilidad de la membrana de los patógenos.

Jordi Vila es el director de la iniciativa de Resistencias Antimicrobianas del ISGlobal y jefe del departamento de Microbiología Clínica del Hospital Clínic de Barcelona y resaltó que “estos tres mecanismos combinados hacen muy complicado el desarrollo de mutantes resistentes a su acción” y consideró que, aunque las bacterias sean capaces de librarse de una de las armas del antibiótico, “no podrán hacer frente de forma simultánea a las tres”.

Los investigadores probaron la utilidad de esta versión con superpoderes de la vancomicina frente a enterococos y enterococos resistentes a la vancomicina, que figuran en la lista de las bacterias más peligrosas resistentes a los antibióticos que elaboró recientemente la OMS. En ambos casos el fármaco fue efectivo para acabar con los patógenos.

“Un factor fundamental que hay que estudiar antes de nada es su toxicidad -apuntó Vila-. Cuando recurres a radicales como alguno de los que se utilizaron en este trabajo para conseguir modificar la estructura de la vancomicina, el resultado puede ser tóxico. Habría que ver, en modelos animales en primer lugar, cuáles son sus efectos en este sentido”.

Sin embargo, el microbiólogo reconoció que aún resta mucho trabajo por hacer de cara a solucionar el problema global de resistencia a los antibióticos: “La vancomicina es útil frente a las bacterias gram positivas. Sin embargo, los realmente problemáticos, los patógenos cuyas resistencias son más preocupantes son los gram negativos”.

Y alertó del grave problema para la salud global que supone el hecho de que “las resistencias bacterianas se estén consolidando con más rapidez que la capacidad de generar nuevos medicamentos”.

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